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La amistad con Georgio surgió porque varios de mis compañeros dibujantes y un servidor, nos reuníamos los viernes después de cobrar nuestros honorarios. En ese entonces transmitían por televisión un programa muy bueno: El Investigador Submarino, que nos fascinaba y soñábamos con poder emularlo y, sin pensarlo dos veces, decidimos aventurarnos: fuimos a Aurrerá, que en ese tiempo era una tienda pequeña, para buscar equipos de buceo, como loquitos nos lanzamos a buscarlos y al ver que no estaban muy caros, decidimos comprarlos en ese momento, así que cada quien adquirió el suyo. De inmediato decidimos la fecha para estrenar nuestros equipos.










Mi hermano Guillermo González Guerrero falleció el 17 de Septiembre del 2005, él era escritor de varios títulos de Editormex (Tío Porfirio, Hermelinda, Aniceto, etc.) y de Novedades (El Libro Vaquero). Como saben yo fui el creador intelectual de Hermelinda Linda y de Aniceto y mi compadre José Cabezas fue el que diseñó los personajes. Cuando dejamos de realizar los cómics como autores, le entraron al quite otros amigos para continuar las historietas como la de "Hermelinda Linda" antes llamada "Brujerías", entre ellos mi difunto Hermano que escribió los argumentos por más de 30 años, a la par repito, de los otros títulos.







Hace poco la nieta de mi querido amigo Fausto Buendía, Nancy Buendía me escribió en uno de los comentarios, y como pretexto de contarle a Nancy sobre mi amistad con su abuelo, aprovecharé para escombrar en el baúl de los recuerdos...Teníamos una muy buena amistas, los dos trabajábamos para Editormex Mexicana, la editorial que en ese entonces era una de las fuertes del ramo historietístico, como mencioné éramos muy buenos amigos, no sólo nos reuníamos los dos, sino varios compañeros entre ellos estaban: Fausto Buendía, Pepe Cabezas, Armando Anguiano ( hermano de Raúl), Polo Matta, Salvador Sierra y yo. Siempre nos reuníamos para ir a comer al restaurante "El Emir", el pionero de los restaurantes libaneses en México, que se encuentra en el mero centro de la ciudad, nos llevábamos muy bien con el dueño del
establecimiento, Don Lalo y con su esposa Alú. También nos reuníamos en el café Victoria que se encuentra en la calle de Victoria; Ahí echábamos de nuestro ronco pecho nuestras experiencias artísticas, pues no sólo dibujábamos sino también pintábamos, teníamos un estudio en la calle de Victoria y López, en el cual después supimos que en ese mismo lugar había vivido
Fidel Castro, el cuarto que rentábamos era bastante amplio y se encontraba en la azotea del edificio, todos eramos muy amigos y compartíamos nuestras aficiones con gran placer, era una especie de ¡Ka-Boom! Estudio.





Cuando llegamos a la Isla y nos reportamos con Pancho ---el que estaba a cargo del faro en la Isla-- era un joven que vivía con su esposa ahí, era una pareja muy agradable y casi de inmediato hicimos una gran amistad, nos brindó posada ofreciéndonos una habitación pero decidimos levantar las dos tiendas de campaña para estrenarlas. Juan y otro decidieron dormir en un cuarto y se fueron con sus cosas, pero al poco rato regresaron diciendo que mejor dormían en la tienda porque la habitación estaba llena de bichos y curiosos.
pegan las olas (parecía la tina de la casa). Pancho nos dijo cuando salimos de nuestra "peligrosa experiencia", que había un lugar en donde podíamos bucear sin peligro de 18 metros de profundidad y agua muy cristalina, de nombre: La Poza del Ahogado.
Bueno, después de haber pasado cinco días en ese paraíso empezó la fiebre por bucear y pronto fuimos adentrándonos más al mar, pero con un miedote porque corría el rumor que había muchos tiburones, pero nunca vimos uno hasta después que cambiamos la ruta y nos fuimos a Zihuatanejo. Ahí empezó la real aventura, después de manejar nuestros autos por una carretera que no existía, llegamos al pueblo, que en ese entonces estaba muy pequeño (1960) y casi no había hoteles, ¡gracias a Dios!
llevaron a la playa de las Gatas, casi enfrente del puerto, ya sabíamos, por los lugareños, que ahí podíamos acampar, pues estaba muy solitaria toda la playa: sólo habían tres cabañas habitadas por dos familias, y una de ellas, que se encontraba en una parte alta, vivía, Mundo, el farero, al cual contratamos para que nos llevara a bucear al día siguiente.





























Oliverio (q.e.p.d.) era un nativo de Zihuatanejo muy simpático, atento, y jefe de esta familia quienes con el tiempo, llegaron a ser unos hermanos para nosotros. Él era un gran pescador y buceaba a pulmón, podía bajar a 15 ó 20 metros de profundidad y mantenerse abajo hasta 4 minutos. Cazaba con arpón. Oliverio se interesó por lo que hacíamos y nos enseñó a bucear y pescar porque no fueron meses el tiempo que estuvimos yendo a Zihuatanejo, fueron años, llegamos a ser tan unidos que entre todos los que íbamos le ayudamos a abrir una escuela de buceo, en especial Giorgio Torelli, quien contaba con capital y apoyó en gran parte el proyecto.
























